martes, 24 de julio de 2012

BREVE HISTORIA DE LA PARTICIPACIÓN CHILENA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE VERANO (1896-2008)


¿Chile? ¿en Atenas 1896?
Sí, por supuesto. Luis Subercaseux, un entusiasta hijo de diplomático que contaba sólo 14 primaveras, se animó a participar en la fiesta que el francés Pierre de Coubertin había hecho renacer de las cenizas. La participación de Subercaseux, claro, no hizo historia: quedó en los últimos lugares en 100 y 400 metros planos y no compitió en 800, pese a haberse inscrito previamente. Pese a todo, la participación quedó registrada en los anales, y en 1996, el COI confirmó lo que era un secreto a voces: Chile había sido uno de los 13 países que desfilaron en la primera edición de los Juegos Olímpicos modernos.
Pero en Chile nadie supo. Nadie se enteró. Fue recién en 1912 cuando una pequeña delegación nacional, encabezada por el atleta Rodolfo Hammersley, tomó parte de los Juegos Olímpicos de Estocolmo. En esos Juegos, la participación chilena más destacada fue la del equipo de ciclismo de ruta, que terminó noveno. Así, y luego de que en Amberes 1920 asistieran sólo dos deportistas, en 1924 el suplementero Manuel Plaza le dio a Chile su primer punto olímpico tras terminar sexto en la maratón parisina. Además, en esta edición haría su debut el tenis chileno, que 80 años más tarde le daría los primeros oros al país.

Plaza: la segunda es la vencida

Cuatro años más tarde, en Amsterdam 1928, las ilusiones no eran muchas, incluso en Chile se hablaba de ir a buscar sólo "beneficiosas enseñanzas"(1). Sin embargo, el mismo Manuel Plaza (foto) poco a poco comenzó a generar expectación, reuniéndose una multitud en las afueras de las oficinas del diario "El Mercurio" para seguir la carrera kilómetro a kilómetro(2). En el kilómetro 32, Plaza venía bastante rezagado, en el octavo lugar, pero una arenga del dirigente chileno Carlos Fanta lo hizo iniciar una arremetida terrible que, faltando 1000 metros, lo dejó segundo a 60 metros del puntero, el argelino-francés Boughera El Ouafi. Sin embargo, El Ouafi aguantó la arremetida del "Canillita" y llegó primero a la meta, exhausto. Pocos segundos después llego Plaza, quien no se perdió en la ruta, pese a la creencia popular. ¡Chile saboreaba su primera medalla olímpica!
Sin embargo, Plaza ignoraba que tendrían que pasar 24 años y nuevas penurias para que un chileno se volviera a subir a un podio...
Luego de no asistir a Los Angeles 1932 por la crisis económica, Chile volvió a la escena olímpica en Berlín 1936, en una participación, por decir lo menos, polémica. Encabezados por el boxeador Jimmy Rasmussen, los nacionales no hicieron tanta noticia por lo deportivo, sino por el saludo nazi que efectuaron en el desfile de las delegaciones. Contrario a lo que pudiera pensarse, este acto no generó mayor conflicto en Chile dada la buena imagen que existía del régimen nazi en nuestro país por esos días(3). En lo estrictamente deportivo, como ya está dicho no hubieron medallas, pero sí una gran participación que no aparece en casi ninguno de los libros de historia: el cuarto lugar del velerista chileno-alemán Erich Wiechmann, que quedó a sólo un punto de colgarse el bronce en la categoría Yola Olímpica.
Luego de la para por la Segunda Guerra Mundial, Chile volvió a unos JJ.OO., esta vez en un destruido Londres, que con mucho esfuerzo aceptó acoger la cita ese año 1948. Las mejores actuaciones vinieron por cuenta del equipo de básquetbol, que terminó en el sexto lugar, y del pentatleta Nilo Floody, que terminaría noveno en la general de la clásica prueba. Lo que más asombró a Floody en su periplo por Gran Bretaña fue la extraordinaria superación inglesa luego de haber sido asolada hace un lustro por la guerra: "La ciudad estaba destruida, pero se veía una recuperación admirable. La conducta de los ingleses era ejemplar. Como no había azúcar, nadie le echaba más de una cucharada al té" afirmó años después(4). Otra vez, no hubo medallas, pero sí un récord: Gunther Mund (sí, el fundador de la piscina de Vitacura) compitió en saltos ornamentales con sólo 13 años, cumpliendo 14 durante los Juegos. Con esto, quebró el récord chileno de precocidad que había impuesto en 1896 Luis Subercaseux. Pese al registro (que aún no es batido), sus resultados no fueron tan satisfactorios: terminó 26º.

Vuelven las preseas

A pesar de eso, cuatro años más tarde, la estrella solitaria volvería al podio en Helsinki 1952, gracias a la notable actuación del equitador Óscar Cristi en el Gran Premio de las Naciones individual, quien obtuvo la medalla de plata luego de acumular sólo 8 faltas con su caballo "Bambi". Pero no sería la única presea que caería por esos días en Finlandia: el equipo chileno de equitación, conformado por César Mendoza, Ricardo Echeverría y el mismo Cristi, también finalizó segundo en la competencia por equipos. La otra buena participación vendría por cuenta del equipo masculino de básquetbol, que terminaría en el quinto puesto tras vencer a Brasil en la definición del 5º y 6º lugar. Para el anecdotario quedaría la participación del club de fútbol Naval de Talcahuano, que representando a Chile cayó en primera ronda ante Egipto. El balance era extremadamente positivo, pero nadie contaba con que cuatro años después, las cosas se pondrían aún mejores...
Terminada la espera, Melbourne recibía en 1956 a los atletas de todo el mundo para iniciar nuevamente la fiesta de los cinco anillos. Con una delegación menor en cantidad con respecto a otros años, pero de todas formas numerosa, Chile afrontaba nuevamente una cita olímpica. Las primeras alegrías vinieron por parte del boxeo, que ubicó a Claudio Barrientos en las semifinales del peso gallo. Luego de ganar sus primeras dos peleas por puntos, enfrentó al coreano Soon Chun Song, contra el que caería en un fallo extremadamente discutido por los chilenos. El fallecido periodista Julio Martínez, presente aquel día en Australia, relató en 1993, lo que, a su juicio, fue una injusta derrota del chileno: "Cuando sonó la última campana, los chilenos presentes no tuvimos dudas sobre el desenlace. Nos levantamos de los asientos a estirar las piernas, con esa tranquilidad inconfundible del que no vacila en la decisión de los jueces (...) Se formaron los púgiles con vista a la autoridad máxima, se dio el anuncio por los parlantes y el árbitro, ubicado entre ambos, levantó la mano del coreano"(5). El otro chileno con posibilidades era Ramón Tapia, en peso medio. Luego de vencer por KOT al polaco Piorkowski y al checoslovaco Julius Torma, Tapia avanzó a la final por el retiro del argentino Víctor Zalazar. Ya en la final, el chileno no tuvo opciones ante el soviético Guennadi Chatkov, que lo derrotó por un inapelable KO, el primero que recibía Tapia en su carrera. Chile ya tenía dos preseas en boxeo, un bronce y una plata. Entonces vino la gran sorpresa: Carlos Lucas. De él no se esperaba mucho, dado que no tenía una buena foja en mediopesado. Igual, inspiraba el cariño popular, y así fue como, apelando a la garra, venció por puntos al polaco Wojciechowski para llegar a semifinales (había quedado libre en primera fase). Ya en semifinales, el oriundo de Villarrica no tuvo mucho que hacer ante el rumano Negrea, que lo venció sin más. Igual, era un bronce por demás inesperado, que dejaba al boxeo como el deporte más exitoso en lo que a cantidad de medallas se refiere.
Además del boxeo, otra actuación satisfactoria fue la de Gunther Mund, quien acudía con 22 años recién cumplidos a su tercera cita olímpica. Mund reafirmó sus pergaminos y terminó séptimo en saltos ornamentales, en la modalidad plataforma de tres metros. Se suponía que su hermana, Lilo Mund, debía competir junto a él, pero al momento de iniciar la competencia, Lilo no aparecía por ninguna parte. Jamás se supo a ciencia cierta las razones de su no participación, aunque en una entrevista en 2011, Marlene Ahrens, su compañera de pieza, afirmó que lo de Lilo fue "pánico escénico", cosa que habría sufrido luego de comprobar el alto nivel de las competidoras europeas. "Eso la dejó en shock" dijo Marlene.
Caso aparte fue lo de Marlene Ahrens. La bella jabalinista llegaba a Oceanía como poseedora del récord sudamericano. Luego de clasificar a la final con 49,36 metros (nuevo récord subcontinental), Ahrens llegó a la final con esperanzas de medalla. Luego de batir nuevamente la plusmarca sudamericana en el segundo tiro, la chilena consiguió los históricos 50,38 metros en el quinto tiro. Entonces, surgió el mito: Ahrens le había robado su jabalina a la checa Zatopekova, esposa de Emil Zatopek. Otras versiones señalan que la europea le habría prestado el implemento a la criolla. Sería la misma Marlene la que años después aclararía la situación, señalando que ninguna de las dos creencias era cierta, aunque la realidad se asemeja mucho más a la primera historia: "Me fijé que la checa Zatopekova lanzaba con una jabalina que tenía la empuñadura como usada, no impecable como las demás. Entonces cuando trajeron las jabalinas tomé la de ella, cuya empuñadura tenía tiza, la misma que usan los gimnastas o jugadores de billar. Fue pura intuición mía"(6). Así, Chile terminaba Melbourne con cuatro preseas, quedando en el puesto 27 en el medallero final. Pero, al menos para Ahrens, la historia no había acabado. Al llegar a su habitación, la atleta se encontró con un cuestionario sobre sus hábitos de entrenamiento. Ahrens respondió tranquilamente, y días después la jefa de la Villa Olímpica la mandó a llamar. La conversación la relató la misma Marlene en el año 2006, en la revista El Gráfico Chile, y refleja la diferencia entre los hábitos de entrenamiento entre Chile y el primer mundo:

- Usted no me puede decir que entrena una hora al día -dijo la jefa-
- Una hora al día y con reloj. Parto con mi hija y después me devuelvo a mi casa -respondió Ahrens-
- Ah. ¿Y cómo se alimenta?
- Lo mismo que en la casa nomás. Lo único que después del entrenamiento, como traigo sed, me hago en la juguera una malta con huevo y harina tostada.

"No me querían creer, en esa época ya se empezaba a entrenar mañana y tarde, con exámenes de sangre para ver qué les podía faltar a los deportistas. Y yo con mi malta con huevo y harina tostada. Tuvieron que creerme nomás".
Marlene Ahrens Ostertag, una deportista excepcional.

La sequía


Seis medallas en dos Juegos. Una cosecha impactante, notable, que hasta nuestros días no ha podido ser igualada. Sin embargo, algo pasó. Algo grave. Chile dejó de subirse al podio. La sequía comenzaría en Roma 1960, en una participación que se puede definir literalmente como "terremoteada". Luego del cataclismo de Valdivia de ese mismo año, Chile renunció a los Juegos Olímpicos. Sin embargo, el gobierno italiano dio una importante muestra de solidaridad al costear los pasajes y la estadía de nueve atletas en los Juegos del país peninsular. Nuevamente, la participación más destacada vino de parte de la lanzadora de jabalina Marlene Ahrens. La sureña avanzó a la final lanzando 48,36 metros (le pedían 48), pero en la instancia decisiva no respondió y se quedó en 47,53, finalizando 12 de 13 finalistas. Ahrens había actuado convaleciente de una intervención quirúrgica. En tanto, la otra esperanza nacional, el tirador Juan Enrique Lira, clasificó 6º a la ronda final, pero no pudo conseguir medallas debido a un fuerte dolor de cabeza que afectó su concentración, finalizando en el lugar 17. ¿Una anécdota? Por esos días, envalentonado por la obtención de la sede del mundial de fútbol de 1962, el presidente del COCh, Alejandro Rivera, presentó la postulación ¡para organizar los Juegos de 1968! Incluso Rivera dio una conferencia lanzando la candidatura, pero era evidente que la situación superaba todos los límites del absurdismo. Incluso, esa misma noche, un llamado despertó al dirigente: era un editor de la agencia Reuters, que desesperadamente le preguntó al chileno si lo de la candidatura era en serio. La noticia era tan inverosímil que simplemente no le creyeron al periodista que cubrió la conferencia. La postulación, en todo caso, no pasó de ser eso mismo: una anécdota(7).
Luego vendría Tokio 1964. Nuevamente fue una participación deslucida, aunque el campeón mundial Juan Enrique Lira esta vez pudo, al menos, reafirmar sus pergaminos en la peana olímpica terminando en la sexta ubicación. ¿Y Marlene Ahrens, que por entonces lanzaba sobre los 53 metros? En un escándalo que con los años sería definido como "el pago de Chile", la jabalinista se quedó afuera de los Juegos por decisión directiva. ¿Qué había ocurrido? La deportista exigió que no llevaran a Japón al dirigente Antonio Labra, que años atrás la había acosado. Entonces, aparecieron unas "oportunas" declaraciones de Ahrens en el diario Clarín, donde criticaba duramente a los dirigentes. "Pusieron en mi boca cosas que nunca dije, esto reconocido incluso por el periodista que escribió la nota. Me suspendieron por un año, entonces abandoné el atletismo. Era mi mejor momento deportivo"(8).
Luego vendría Ciudad de México 1968, los Juegos más cercanos a Chile que se han realizado hasta el momento (marca que será rota en 2016). Pese a la nula expectativa que existía en la prensa especializada, la actuación nacional en tierras aztecas fue más que positiva, pese a no obtener podios. El gran protagonista criollo fue el velocista Iván Moreno, semifinalista en 100 y 200 metros planos. En la primera fase, Moreno fue segundo en su serie y avanzó. Luego, en la segunda ronda, pese a estar un tanto lesionado, el chileno quedó entre los cuatro primeros de su serie y avanzó a semifinales, donde terminó sexto de ocho, con notables 10''3 segundos. "La partida fue como un suspiro. Moreno partió atrasado, último, pero a los 40 metros ya estaba junto al argentino Calonge y al británico Jones, y en los veinte metros finales realizó una atropellada sensacional que le permitió superarlos"(9). Moreno no avanzó a la final, pero su actuación quedó marcada. Estaba entre los 16 mejores del mundo y fue considerado sin más como "el blanco más rápido del mundo". En los 200 metros planos, Moreno también llegó a semifinales, marcando 20''8 segundos, récord chileno. ¿Y el resto de la delegación? Cumplió, y en algunos casos con creces, como los tiradores Nicolás Atalah y Jorge Jottar, que terminaron 6º y 7º respectivamente en la modalidad skeet. Los puntajes de ambos fueron dispares: mientras Jottar partió liderando y luego bajó, Atalah fue subiendo su nivel conforme avanzaba la competencia. Incluso, durante la competencia, Atalah recibió una noticia importante: había nacido en Chile el pequeño Jorge, hijo suyo y quien décadas después se encargaría de escribir su propio párrafo en la historia olímpica chilena. La otra actuación satisfactoria vino de la equitación, que terminó con un meritorio sexto puesto por equipos en la prueba de adiestramiento.
En los Juegos siguientes, Munich 1972 y Montreal 1976, Chile nuevamente no apareció en el medallero, algo que ya se hacía costumbre. Mientras en Alemania la equitación nuevamente sacaba la cara con un 9º lugar por equipos, en Montreal la gran figura fue el ciclista Richard Tormen, cuyo hermano era detenido desaparecido de la dictadura. "Participaré en velocidad sólo para ganar experiencia, ya que mi prueba es el kilómetro contra la hora" decía entonces Tormen(10). Sin embargo, el ciclista sorprendería, dado que en primera fase perdió por muy poco ante el italiano Rossi, para luego superar los dos primeros repechajes de forma brillante ante el polaco Kocot y el barbadense Smith. Pese a aquello, no pudo avanzar a la final, a pesar de haber marcado notables 11,75 (el alemán Berkmann hizo 11,67). Así, Tormen quedó entre los diez primeros: toda una proeza. Vale destacar que en "su prueba", el kilómetro contrarreloj, Tormen rindió bajo lo esperado, tal vez por el esfuerzo realizado en la velocidad. Terminó 16º. Luego de su participación y por su delicada situación política, le ofrecieron exiliarse en Canadá. No aceptó, dado que siempre pensó en que sabría de su hermano encontrándose con una autoridad en una premiación(11). Nunca pasó. Sin embargo, en 1987, su hermano Peter alcanzó a dedicar su triunfo en la Vuelta a Chile de ese año "a su hermano detenido desaparecido" justo antes de que la pantalla se fuera a negro(12).
Luego de Montreal, Chile no volvería a los Juegos sino hasta Los Angeles 1984, dado su apoyo al boicot que le propinó Estados Unidos a los Juegos de Moscú 1980.
Ya en Los Angeles, hubo tres disciplinas en que los chilenos fueron protagonistas. La primera fue el lanzamiento de bala masculino, con la actuación de Gert Weil. En la ronda clasificatoria, Weil marcó 19,96 metros, récord sudamericano que lo dejaba a las puertas de las medallas. Sin embargo, el chileno no pudo repetir esa marca en la final (lanzó 18,69 metros), pero aún así se metió entre los diez mejores en una prueba que contó sin varios de sus mejores especialistas debido al boicot de la órbita soviética. En tanto, otra disciplina en la que los chilenos centrarían su atención sería el fútbol. La Roja, con un equipo muy disminuido, superó la fase grupal tras empatar con Noruega (0-0) y Francia (1-1) y vencer a Qatar (1-0). En cuartos de final, los criollos fueron eliminados por Italia, en un polémico partido que se definió por un penal sacado de la imaginación del árbitro. Fue 1-0 en un partido que se vio en Chile sólo gracias a la "creatividad" de los productores de TVN, que no hallaron nada mejor que "piratear" la señal del canal brasileño Rede Manchete. Por eso mucha gente se sorprendió cuando, en medio del partido, la transmisión se trasladó a la semifinal de los 400 metros planos, donde competía el brasileño Gerson Andrade de Souza(13). Casi fue una hazaña, pero estuvo a punto de ni siquiera intentarse: en medio de una profunda crisis futbolística, el presidente del COCh Juan Carlos Esguep decidió que el fútbol no asistiría a EE.UU. Sin embargo, Martínez, que fue pieza clave en la determinación de Esguep, echó pie atrás y afirmó que "el fútbol chileno nunca pensó en no asistir a Los Angeles"(14).
Dije que eran tres, me falta uno. Se trata del remo, que llegó a pelear por medallas en una situación que, al menos, merece ser calificada de curiosa: entre ocho participantes, Chile terminó último en el ocho sin timonel en su ronda clasificatoria. En el repechaje eran absolutos candidatos a quedar eliminados ante Francia, pero los frances sufrieron un sabotaje y uno de sus remos se rompió. Chile estaba en la final. Ahí, no tuvieron opción alguna y terminaron séptimos de 7, superados incluso por los franceses, que consiguieron un permiso para disputar la instancia decisiva(15).
Finales aquí, cuartos de final acá. Pero de medallas, nada.
Por ahora.
Llegaba entonces Seúl 1988. El gran favorito chileno para obtener una presea, nuevamente, era el balista Gert Weil, que había sido campeón en los Juegos Panamericanos de Indianápolis. El chileno fue 6º en las clasificatorias con 20,18 metros y clasificó a la semifinal, donde consiguió el séptimo puesto con 20,22. Weil estaba nuevamente en la final, donde atrapó un histórico sexto lugar con un lanzamiento de 20,38. Era una actuación notable, con la que ya la delegación chilena se podía dar por pagada, pero no contaban con que, horas después, un ignoto tirador escribiría una de las páginas más gloriosas de nuestro deporte...

Alfonso de Iruarrízaga, héroe nacional

Lugar: Rancho Taenung, Seúl. Fecha: 24 de septiembre de 1988. Hora: mediodía. Alfonso de Iruarrízaga, tirador nacional, había sido primero en las clasificaciones, en empate con el alemán Axel Wenger. De Iruarrízaga había roto 198 platos de 200, clasificando a la ronda final, donde los seis mejores competirían en busca de una presea. Iniciando esta ronda definitoria, Wenger falló sólo un plato, mientras que el chileno no le acertó a dos. De Iruarrízaga seguía segundo, pero de cerca asomaban el estadounidense Carlislie y el español Guardiola, dispuestos a aprovechar cualquier yerro del criollo. Ahora más que nunca, el pulso debía estar firme. Y lo estuvo. De Iruarrízaga no falló más y, con un total de 221, se quedó con la medalla de plata. Con el logro de "Poncho" se ponía fin a más de 30 años de decepciones, intentos fallidos y triunfos morales. Por fin, la estrella solitaria flameaba en el cielo olímpico, aunque fuera a la izquierda del campeón.

Dos Juegos nefastos y un bronce que vale oro


Con el recuerdo aún fresco de la proeza de Seúl 1988, se daba inicio a los Juegos Olímpicos de Barcelona. La delegación chilena nuevamente mostraba al balista Gert Weil como portaestandarte, lo que reflejaba una realidad: fuera de él, las posibilidades de una final olímpica o un "top ten" eran casi nulas. Así las cosas, Weil, que venía recuperándose de una lesión, lanzó 19,41 en la ronda clasificatoria, lo que le bastó para quedarse con el decimotercer lugar. Incluso, los 19,41 los logró en su tercer intento, y con ellos quedó momentáneamente en la undécima ubicación, que le servía para clasificar a la gran final (pasaban 12). Sin embargo, sobre el final fue superado por dos rivales y se quedó fuera de la instancia decisiva. ¿Y el resto de la delegación? Poco, casi nada realmente. El tirador Alfonso de Iruarrízaga, medallista en Seúl, simplemente no tuvo una buena tarde y terminó en la posición 45. Ricardo Araneda, representante del boxeo, ganó una pelea y perdió otra. Y eso sería.
Ya en Atlanta 1996 (los recordados Juegos de la Coca Cola), las expectativas no eran muy distintas. A lo más se podía esperar algo de Sebastián Keitel o del boxeador Ricardo Araneda, pero la verdad es que el nivel chileno no tenía cómo hacer frente al poderío del primer mundo. Es más: ni Keitel ni Araneda lograron superar la primera ronda de sus respectivas pruebas. Las satisfacciones fueron pocas: podemos hablar del velerista Felipe Echeñique, que fue 19º en Láser, un resultado más que honroso considerando que eran 56 participantes en total. Los jóvenes también cumplieron: Erika Olivera, de sólo 20 años, fue 37º en la maratón, mientras que el pesista Cristián Escalante y el nadador Nicolás Rajcevich, pese a no superar la primera ronda de sus respectivas disciplinas, establecieron nuevos récords nacionales, algunos todavía vigentes el día de hoy.
Pasaron cuatro años y los mejores deportistas chilenos se volvieron a dar cita, esta vez en Sydney, Australia. El encargado de portar la bandera era el tenista Marcelo Ríos, pero al nombrarse a Chile en los parlantes, quien apareció encabezando la delegación criolla fue ¡Nicolás Massú! Nadie sabía muy bien que estaba ocurriendo. Los primeros rumores indicaban una supuesta molestia estomacal del "Chino" aunque la verdad no tardaría en salir a la luz. La primera señal vino de una conversación que sostuvieron a la salida de la inauguración el mismo Massú y el periodista chileno Leopoldo Iturra Manríquez. La conversación fue revelada por Iturra este mismo año, en el libro Chilenos Olímpicos, de Cristián Muñoz.

- Iturra, estoy cagado de hambre -fue lo primero que dijo Massú al ver al periodista- ¿Me viste desfilar? Fue impresionante, ni yo me la creo.
- ¿Qué pasó con el Chino?
- No sé. Me avisaron media hora antes de salir que era el abanderado. No sé que pasó con él. Parece que hubo un problema con unas entradas, por lo que escuché. Me entregaron este terno que me queda grande, mira las mangas. Y nada, me tocó desfilar. ¿Cuándo me habría imaginado que iba a llevar la bandera? Fue emocionante.

Ahí Iturra se dio cuenta de lo que pasaba. No era un dolor de estómago; era algo más. Y la verdad no tardaría mucho más en salir a la luz: la DIGEDER se había comprometido con Ríos a tener entradas para su madre y su hermana. Hubo cambio de gobierno y la promesa quedó en nada. El tenista llamó a su padre desde Australia y este le aconsejó bajarse de la ceremonia, argumentando incumplimiento de un compromiso. Sería la peor decisión de su vida: en diarios locales, personalidades del deporte, de la política y hasta de los espectáculos lo destrozaban: "No ama a su patria" "No nos indignemos por hueones" fueron sólo algunas de las declaraciones que aparecieron en diarios santiaguinos. El mismo Ríos, años después, tomó la palabra y explicó personalmente su decisión: "Jamás tuve la intención de ofender a la bandera. Yo estaba molesto por promesas incumplidas. Por eso hice lo que hice, aunque con el tiempo me di cuenta que a pesar de tener la razón y sentirme pasado a llevar, no tomé la mejor decisión y me equivoqué. No dimensioné lo fuerte que era el gesto de no desfilar"(16).
En cuanto a lo deportivo, Ríos no pasó la primera ronda ni en singles ni en dobles. La mejor actuación era de Marcelo Yarad, quien obtuvo un notable noveno puesto en tiro skeet, pero la proeza de Yarad no tardaría en pasar a segundo plano...
La selección de fútbol masculino, que había clasificado a Sydney por una circunstancia, por lo menos decir, ilógica (Brasil debía vencer por ocho goles a Colombia para que Chile fuera al cuadrangular final, lo que extraordinariamente sucedió) se instaló lejos de Sydney, dado que su competencia iniciaba antes y no podrían estar en la ceremonia de apertura. Además de los sub 23 (entre los que estaban David Pizarro, Rodrigo Tello, Pablo Contreras y Claudio Maldonado, entre otros ilustres), Acosta llamó a tres futbolistas mayores: Nelson Tapia, Pedro Reyes y Marcelo Salas. Sin embargo, el "Matador" no quiso viajar a Australia, por lo que su puesto fue ocupado por Iván Zamorano, que por entonces quemaba sus últimos cartuchos en el Inter de Milán. La "Roja" sorprendió, superando la fase grupal ganándole a Marruecos (4-1), perdiendo ante Corea del Sur (0-1) y venciendo a la España de Xavi, Puyol y Tamudo por 3-1. Ya en cuartos de final, los chilenos golearon de manera brillante a Nigeria por 4-1, con lo que se aseguraban, al menos, estar en la definición por el bronce. Pero nada impedía soñar con el premio mayor y así fue como Chile enfrentó a Camerún, poderosa selección africana que contaba con estrellas como Pierre Womé, Carlos Kameni y el mismísimo Samuel Eto'o. Chile se puso en ventaja bien entrado el partido, con un autogol de Abanda a los 78'. Sin embargo, Mboma a los 84' y Lauren de penal a los 89' se encargarían de sellar la suerte del elenco nacional, que ahora debería enfrentar a Estados Unidos por el tercer lugar. La definición ante los "gringos" fue un partido extraño, donde Chile dominaba pero sin tanta claridad. Pero llegaría el "Gran Capitán" Zamorano, quien anotaría en dos ocasiones para conseguir la ansiada presea de bronce. Chile, luego de 12 años, volvía al medallero, pero seguía penando la falta de oro. No sabían que la hazaña estaba más cerca de lo que todos creían.

El tenis ingresa en el Olimpo


Era el día 12 de abril de 2004 y la intranquilidad reinaba en los pasillos de la Federación Chilena de Tenis. Y es que el problema era serio: se les había olvidado inscribir a Fernando González y Nicolás Massú para las competencias de singles y dobles en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Sólo ante la consulta de la ITF, el gerente Giorgio Rainieri atinó a enviar los papeles. Las ilusiones no eran muchas: habían pasado dos semanas desde la fecha límite y un perdonazo de la ITF era improbable. Pero sucedió, y el 21 de ese mes fue aceptada la inscripción fuera de plazo de los nacionales(17). Así, con el problema resuelto, los chilenos comenzaron su tranco dorado. En las primeras rondas, González (19º) venció al local Economidis (239º), al coreano Lee (76º) y al estadounidense Roddick (2º), mientras que Massú (14º) derrotó al brasileño Kuerten (20º), al norteamericano Spadea (23º) y al ruso Andreev (52º). En dobles, la pareja también avanzaba firme, derrotando a Bahamas y Argentina. Sin embargo, había un problema: Massú había quedado exhausto después de su maratónico triunfo ante el ruso Igor Andreev. González también daba muestras de cansancio luego de su increíble triunfo en dos sets sobre Roddick, y más encima, el dúo debía enfrentar a los gemelos Bryan (la mejor pareja del mundo) por los cuartos de final de la competencia de dobles. Entonces, se organiza un cónclave entre los dos tenistas y sus respectivos entrenadores, Horacio de la Peña y Patricio Rodríguez. Luego de analizar las posibilidades, se miran y deciden apostar por el milagro: "Vamos por todo" se dicen(18). Entonces sucede lo improbable: Massú y González vencen a los Bryan y avanzan a semifinales en dobles. Las alegrías se completarían cuando Massú vence a Moyà (4º) y González a Grosjean (21º) en singles, quedando ambos clasificados para la ronda de semifinales. Con esto, Chile se aseguraba al menos un bronce (en singles), pero los chilenos tenían hambre de triunfo y ahí fueron a demostrarlo...
En dobles, los chilenos despacharon a los croatas Ancic y Ljubicic en un emocionante duelo de tres sets, avanzando a la gran final por el oro ante los alemanes Rainer Schüttler y Nicolas Kiefer. Sin embargo, la suerte en singles sería dispar: mientras Massú apeó a Taylor Dent en dos sets por 7-6 y 6-1, González cayó ante Mardy Fish en un duelo que tenía controlado (iba 6-3 y 1-1 arriba) hasta que, en una jugada fortuita, se torció el tobillo. Pudo terminar el partido, pero su nivel se vio evidentemente afectado. Perdió por 6-3, 3-6 y 4-6. "Feña" estaba en la final del dobles, pero no podía alejar de su cabeza la oportunidad perdida ante Fish. Creyó que nunca se repetiría (gracias a Dios, estaba equivocado...) y se derrumbó sicológicamente, al punto de que la noche previa a la definición del bronce y la final de dobles no era más que un remedo humano. Sin embargo, antes de salir a jugar contra Dent, González vio en televisión a una mujer llorando. Era Deborah McDonald, una equitadora de 45 años que había ganado una medalla de bronce. Entonces, González comprendió el valor de una medalla y salió a darlo todo contra Dent. En un partido maratónico, logró vencer al yanqui por 6-4, 2-6 y 16-14. La alegría era única, pero sólo minutos más tarde debía disputar el oro en dobles. Los especialistas desconfiaban de la dupla chilena, sobre todo por el evidente cansancio de González, quien luego del partido luciría las ampollas en sus pies. Pese a todo, los chilenos ganaron el primer set por un sólido 6-2. Pero eso no sería más que un espejismo: los europeos se quedaron con los dos sets siguientes y llegaron a un tiebreak en el cuarto. Ese tiebreak cambiaría para siempre la historia del deporte chileno: los alemanes se pusieron 6-2 arriba, con 4 puntos de partido. Sin embargo, los chilenos no se echaron a morir y empataron la cuenta, decretando el derrumbe moral de los europeos. Ese tiebreak terminó finalmente 9-7 a favor de los nacionales, que mandaron el partido a un quinto set.
En el quinto parcial, los germanos vuelven a tomar la delantera por 3-1, pero Massú y González se levantan nuevamente y ganan tres games seguidos, para dejar la cuenta 4-3. En el noveno game es cuando los chilenos quiebran y quedan 5-4 y servicio arriba. Sólo había que mantener el saque para romper 108 años de historia, lo que consiguen con una devolución larga de Schüttler. Es entonces cuando se desata la locura y el relator Fernando Solabarrieta se queda con una parte de la gloria, al improvisar uno de los relatos más emocionantes de la historia de nuestro deporte: "¡Se va, se va! ¡Y es oro para Chile, es oro para Chile! ¡Fin de historias de derrotas, fin de historias de segundos lugares! ¡Somos campeones olímpicos! ¡Somos medalla de oro! Por años de años, generaciones contarán la historia de dos superhéroes chilenos que vinieron a la tierra de los superhéroes legendarios. A la tierra de Aquiles, de Héctor, de Paris [sic]. Tenemos superhéroes que valen oro. Esta es la historia grande, linda, del Nico, del Feña. Tenemos oro para Chile. Chile en casi cuatro horas de partido gana en el quinto set por 6-4. Y Chile es de oro. Permítanme la licencia. ¡Viva Chile mierda!". Por fin. Luego de 108 años, la bandera chilena flameaba en lo más alto del podio. Y justo en Atenas, Grecia, el lugar donde todo comenzó. La actuación era histórica. Tanto González como Massú se convirtieron automáticamente en verdaderos héroes nacionales. Pero quedaba más trabajo para Massú, sólo horas más tarde...
El rival era Mardy Fish. Massú tenía la posibilidad de hacer aún más grande su leyenda en singles enfrentando al estadounidense. Nuevamente, el cansancio del "Vampiro" era considerado un factor en la previa del partido. Sin embargo, dentro de la cancha todo cambió. O casi todo.
Gana el primer set por 6-3. Pierde el segundo por 3-6. Pierde el tercero por 2-6. Gana el cuarto por 6-3. Y en el quinto, cuando Fish está física y moralmente destruido, consigue la hazaña por 6-4. Otra medalla. Otro oro. Otra hazaña de Nicolás Massú Fried. Y es Solabarrieta el que nuevamente se roba el protagonismo con su relato: "¡Ancha! ¡Es ancha esa pelota! Y es oro para Chile, es oro para Nicolás Massú. No estamos soñando, esto es verdad. Porque este muchacho cuando creció nadie le dijo que existía una palabra que se llama imposible. No señor, esa palabra no está en el diccionario de Nicolás Massú. Corrió como nadie, se lo merece como nadie. Y sí, es cierto: ¡Estoy llorando en esta tribuna! ¡Estoy llorando por lo que hizo el Nico! Por Dios, este esfuerzo es un ejemplo para millones. Va a quedar en la historia. Es un héroe del deporte. El Nico se inscribe como el mejor deportista de todos los tiempos. Doble oro en los Juegos Olímpicos. ¡Gracias, Nico, por este llanto! ¡Gracias, Nico, por este oro! ¡Gracias, Nico, por vestirnos con ropas doradas en estos Juegos Olímpicos! Lo dije ayer y lo repito hoy: ¡Viva Chile mierda! ¡Viva Nicolás Massú!" Más allá de la emoción de Solabarrieta, lo de Massú era realmente histórico. ¡En 108 años, nadie había podido lograr un oro, y en un día, un tenista consigue dos! Era impresionante.
Casi no importó que Jorge Atalah, hijo de Nicolás Atalah, no haya respondido a sus pergaminos y haya terminado 47º en tiro skeet por el único pecado de seguir a González y Massú. Es más: el mayor recuerdo que Atalah se trajo de Grecia no fue una medalla ni una corona de olivos: fueron tres pelotas de la final del dobles, las que con orgullo conserva hasta el día de hoy. En cuanto al resto, el ciclista Marco Arriagada fue 11º en puntuación, Jonnathan Tafra alcanzó las semifinales en canotaje, la remera Soraya Jadue se metió en la Final B del single scull y la abanderada Kristel Köbrich no superó la primera ronda en 400 y 800 metros libres. Pero no importaba. Porque dos tenistas se habían atrevido a cambiar la historia para siempre, justo en el lugar donde todo había comenzado...
Para Beijing 2008, la "pareja dorada" se volvió a encontrar. Nicolás Massú no pasaba por su mejor momento, incluso debió apelar a una invitación del COI para poder participar en singles y en dobles junto a González. Por su parte, "Feña" estaba en sus mejores tiempos: un año antes había sido finalista en el Australian Open y había vencido a Roger Federer en el Masters de Shangai. Y ese mismo año, 2008, había conseguido el "Tri" en el ATP de Viña del Mar tras vencer en la final a Juan Mónaco por Walk Over. Se podría decir entonces que cada uno cumplió con lo esperado. Massú venció a Darcis (67º) en primera ronda, pero luego sucumbió por 6-7 y 1-6 ante el argentino David Nalbandian. En dobles también hubo despedida rápida, tras caer ante Rusia. Sin embargo, Fernando González, que había sido relegado a un papel casi secundario en Atenas, tomó el protagonismo y fue por una medalla. Venció en primera ronda al chino Sun Peng por 6-4 y 6-4, en un partido más sencillo de lo que expresa el marcador. En segunda ronda, despachó al croata Cilic por 6-4 y 6-2. Ya en octavos, no tuvo complicaciones para deshacerse del belga Olivier Rochus por 6-0 y 6-3 y avanzó a cuartos de final, donde venció al francés Paul-Henri Mathieu por un doble 6-4. "El Bombardero de la Reina" ya estaba en semifinales, y estaba a un partido de saldar su deuda de Atenas: avanzar a la final en singles. El rival era James Blake, que venía de derrotar nada menos que a Roger Federer, número uno indiscutido del ranking mundial. El primer set fue para Blake por 6-4, mientras que González se cobró revancha en el segundo por 7-5. En el tercer set, Blake estaba 6-5, 40-0 y servicio arriba. La situación estaba extremadamente cuesta arriba, tal como en el dobles de hace cuatro años. Pero el chileno no se rindió, se sacó los tres puntos, quebró el servicio del estadounidense e igualó la cuenta. Así se siguieron machacando, con polémicos puntos a favor de González, que Blake luego reclamaría, hasta quedar empatados en 9. Entonces, en un game apasionante, Fernando quebró el servicio del yanqui, quedando 10-9 y servicio arriba. González jugó tres puntos notables y quedó arriba 40-0, con tres puntos de partido. Como una cruel ironía del destino, Blake igualó la cuenta, tal como lo había hecho el nacional games atrás. Pero González no estaba para sorpresas y en las ventajas mató el partido. Fue 4-6, 7-5 y 11-9 para el santiaguino, que rompió en llanto luego del triunfo. La plata estaba asegurada, pero González quería el oro. No lo consiguió, pues se encontró con un imparable Nadal que lo derrotó por 3-6, 6-7 y 3-6. Pero no importaba. González ya se había convertido en el mayor medallista chileno de todos los tiempos, con una presea de cada color. Era el mejor de la historia.
Fue casi lo único rescatable de Beijing. Kristel Köbrich fue 20º en 800 metros libres, mientras que en aguas abiertas debió abandonar cuando estaba entre las punteras. Los jóvenes Bárbara Riveros y Oliver Elliot cumplieron, pero estuvieron lejos de una medalla. Matías del Solar, velerista que era uno de los candidatos a medalla en Láser, estuvo lejos de lo esperado, y pese a un prometedor tercer lugar en la primera regata, se "desinfló" y fue 26º, quedando muy lejos de entrar siquiera a la "medal race", donde ingresaban los diez mejores.
Y ahí acaba la historia.
Por ahora, claro está. Londres 2012 está a la vuelta de la esquina, con cinco deportistas con opciones reales de alcanzar una final o subirse a un podio (Tomás González, Kristel Köbrich, Bárbara Riveros, Denisse Van Lamoen y Francisca Crovetto), lo que augura una performance país superior a la de años anteriores. En total son 35 deportistas, de los cuales más del 40% son mujeres, marcando una cifra histórica. Son 35 ilusiones.
Treinta y cinco chilenos que desafiarán lo más grande, y a la vez lo más pequeño que tenemos:
Nuestra historia.

POR: Cristóbal Karle/CAMINO A OLIMPIA

Citas


(1): En Chilenos Olímpicos, Cristián Muñoz Funck (Editorial COCh, 2012)
(2): En El Mercurio, 8 de agosto de 2008.
(3): En Zig Zag, 1935.
(4): En La Tercera, 21 de julio de 2012.
(5): En Los más grandes momentos del deporte nacional, Ricardo Ruiz (Editorial CCU, 1993)
(6): En El Gráfico Chile, agosto de 2008.
(7): En 1962, el mito del mundial chileno, Daniel Matamala (Ediciones B, 2010)
(8): En El Gráfico Chile, noviembre de 2011.
(9): En Historia del Deporte Chileno, Edgardo Marín (Ediciones Bicentenario, 2007)
(10): En El Mercurio, 21 de julio de 1976.
(11): En Chilenos Olímpicos, Cristián Muñoz Funck (Editorial COCh, 2012)
(12): En La Nación, 24 de agosto de 2003.
(13): En Historias secretas del Fútbol chileno II, Juan Cristóbal Guarello (Ediciones B, 2007)
(14): En Historias secretas del Fútbol chileno II, Juan Cristóbal Guarello (Ediciones B, 2007)
(15): En Chilenos Olímpicos, Cristián Muñoz Funck (Editorial COCh, 2012)
(16): En Historia del Tenis Chileno, 1882-2006, Mario Cavalla (Ocho Libros Editores, 2006)
(17): En El Mercurio, 8 de agosto de 2008.
(18): En Chilenos de Oro, Esteban Abarzúa (Editorial Don Bosco, 2005)

2 comentarios:

  1. muy bueno el reportaje

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  2. en los angeles 1984 la final que se corrió era la 8 con timonel.

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